miércoles, julio 06, 2005

En la intimidad del laberinto

En la intimidad del laberinto el Minotauro esperaba siempre. Entre los plieges que le obligaban a una noche eterna, debía brillar excitante la antorcha de los que le eran entregados. Y él que no entendía la luz, que nunca se había visto, no conocía más que la desesperación que se saciaba en los cuerpos. Ni crueldad ni ternura tenían sentido para él. Su vida esteril se cerraba en un círculo hecho de cuatro paderes retorcidas. ¿Qué mente maléfica pudo inventar semejante tortura?
Ariadna quería que Teseo llegase hasta él. Quizá que volviera con él. Ella le acompaña en forma de hilo, flexible que no frágil, largo como la esperanza verdadera, leve e irrompible. Con ese hilo identifican su vínculo con la vida. Teseo, matador de monstruos pende de un hilo. Si éste se rompe, aunque matara al Minotauro, se transformaría en su sucesor. Príncipe ambiguo que seduce, mata y abandona, Teseo dejó el hilo a las puertas del laberinto. Naxos fue casi un descuido.
Pero Dioniso ha de venir.

2 comentarios:

Enhea dijo...

Me ha encantado el redactado de esta mítica historia, sobretodo el final, la sucesión de los episodios que siempre se cuentan en tan pocas palabras... ¡Genial!

¡Felicidades!
Enhea

luna dijo...

Gracias, la verdad es que éste fue mi primer texto en el Hilo y lo recuerdo con especial cariño. Lo escribí una cálida noche de verano en la que todo parece conjurarse para dar comienzo a una aventura personal.