sábado, junio 03, 2006

La Quimera del héroe

¿Como será la Quimera? Desde que salió del palacio de Licia, Belerefonte se hacía la misma pregunta cada mañana y en cada puesta de sol despedía el día con el mismo pensamiento.
Belerefonte no sabía nada en realidad. Simplemente tenía suerte. Tuvo suerte de que la familia del joven al que mató accidentalmente se conformara con su exilio, tuvo suerte de que Petro su protector no pudiera materle con sus manos, tuvo suerte de comer algo con el bueno de Yóbates, que no sabía leer y comprendió demasiado tarde el contenido de la carta que el muchacho le trajo.
¿Cómo será la Quimera? El héroe solitario recorre Grecia buscándola y oye que su forma es la del león, que en realidad es un dragón que escupe fuego, que es hija de la Víbora Equidna y que su padre Tifón con una mano tocaba oriente, con la otra occidente, mientras de su cuerpo se desenredabam miles de serpientes.
Y sin embargo Belerofonte no conoce que convivimos con los monstruos, que nunca los matamos del todo, que el caballo que ha encontrado en una fuente cerca de Corinto, ese portentoso animal que lleva alas y se deja domesticar por él, nació de la sangre derramada de la Gorgona y por su misterioso origen es recibido por Zeus en el Olimpo para que le lleve el rayo purificador.
¿Como será, pues, la Quimera? se pregunta mientras sube a lomos de su dócil montura, mientras asegura su casco de aristócrata en desgracia, como si fuera el precursor de Amadís, de Lanzarote, maldito él también por un amor impuro.
¿Cómo será? No para vencerla mejor, pues es tan ingenuo que confía en que su lanza de punta de plomo sepa hacer su trabajo. ¿Será cierto que tiene dos cabezas, una de cabra, otra de león? Sólo la curiosidad le guía y la descabellada orden que ha recibido de su huesped. Pero ¿cómo negarse a hacer el trabajo al hombre al que le ha encomendado su protector?
Él, el asesino que nunca quiso hacer daño, encuentra cierta lógica en expiar esa culpa por medio de una muerte que le es totalmente ajena.
Pero ¿cómo será el monstruo que le ha de redimir, al que el mismo Pegaso le guía como si lo estuviera aguardando?
No sabe que la Quimera es sólo la primera de las pruebas a la que debe enfrentarse, que a él nadie osa matarle con sus propias manos, pero que está condenado a muerte por las mismas leyes que le brindan hospitalidad.
Aterrado ante la idea de tener que matar a quien ha acogido con juramento de sagrada hospitalidad, Yóbates le encargará pruebas inverosímiles y cada vez que el muchacho sale de su casa en Lidia le remuerde la conciencia de llevarle a una muerte segura, de la misma manera que cada vez que vuelve, le sorprende verlo ileso con la expresión inocente de quien camina por precipicios mirando sólo el sendero donde ha de plantar su pie.
Y cuando por fin ve a la Quimera anunciada por los dioses, perseguida en los sueños, la Quimera con la que ha batallado en su mente de niño, Belerefonte descubre un ser inesperado, un cuerpo que no le esquiva, una mente más ágil, la primera mirada que le hace frente. Sea cabra, león, serpiente o hembra, la ansiada Quimera se yergue soberbia ante él. Y de su boca sale el fuego que la ha de matar, por la ardiente punta plomiza de su lanza.
Y entonces el héroe se sabe maldito y solitario, porque en el rostro de la Quimera ha leido la palabra muerte. Ahora sabe que, como ella, pertenece a otra estirpe, que los hombres sólo toleran su presencia con disimulo. El héroe y su monstruo comparten un mismo destino que los hace incomprensibles al resto del mundo.