lunes, enero 08, 2007

Un hombre honesto.


Hay una virtud más alta que la inteligencia o la bondad, más compleja y sutil y por eso menos frecuente, la honestidad.

Ser honesto no consiste en no engañar, en cumplir con el deber. Es elegir precisamente hacer lo que se debe hacer. Hay que tener por tanto, discernimiento y determinación. Y sólo un hombre libre puede llegar a ser honesto.

De entre todos los héroes que nos ha legado Grecia, uno responde a la perfección a este modelo. El más desgraciado: el que todo lo tuvo y todo lo perdió.

Cuando el dios le dijo que mataría a su padre y se acostaría con su madre, escogió hacer lo que su inteligencia le indicó que debía. Otro más cínico se hubiera quedado en Corinto en la esperanza de no ser, como se rumoreaba, sangre de la sangre de Pólibo.

Cuando se topó con la esfinge y vio el sufrimiento de Tebas, puso todo su ingenio en liberar la ciudad. Resolvió el acertijo no por ansia de poder o por vanidad, sino porque, puesto que era capaz, debía hacerlo y eligió hacerlo.

Cuando los tebanos le ofrecieron el trono y la mano de la reina viuda, Edipo se sintió afortunado. Los dioses le habían concedido un lugar bajo el sol, a él que incluso lo habían confundido con un simple vagabundo. Amó Tebas como su patria y aprendió a querer a la reina. Eligió hacer que siguiera la estirpe real y tuvo cuatro hermosos hijos, garantía de que los dioses estaban de su lado.

Con igual determinación se enfrentó a la peste, decidió a no dejar sin castigo al asesino de Layo. Y fue la misma mano que promulgó el edicto la que cegó los ojos que ya no sabían llorar.

Quizá sólo hizo mal una cosa, pero es que no hay honestidad incólume. No se apartó del caminó del rey con el que se encontró en las laderas del Parnaso, cuando tras consultar el oráculo su alma aún tan joven bullía en la tensión de tener que decidir hacer lo que tenía que hacer.

Algunos llaman a su honestidad destino. No, el destino es otra cosa, es Yocasta y es Antígona, pero no Edipo.

Imagen de Esfinge del Museo de Cerámico en Atenas, tomada de Magonia

2 comentarios:

Psique dijo...

¡Pobre Edipo! Huído de su patria, de las tierras que le vieron crece, de su hogar, para escapar al destino y fue a encontrárselo de frente en medio del camino. Quizás siempre estuvo ciego, porque veía más allá de lo que los mortales podemos ver, pero no supo ver lo que se le venía encima. Y ahora, solo y torturado, vagabundea por los páramos en busca de quien le salve de su pena...

Diego dijo...

Yo veo mas al destino sobre Edipo, que cumple su camino en el no saber,quien es aconsejado por un profeta ciego.. el tema de el porvenir, el destino y el no saber, la ceguera son elementos de este mito. Honestidad la veo mas en Antígona quien tiene una posición totalmente ética, actúa con conocimiento y decisión conociendo que provocarla su propia muerte y aun asi no se las regala.