domingo, septiembre 09, 2007

Islas


Entre el olvido y la esperanza debe existir un lugar habitable, donde se pueda aceptar que el sol salga cada mañana, igual para todos.

Porque olvidar es como mutilarse uno mismo y mantener la esperanza viene a ser tan arduo como distinguir el espejismo del oasis, debe haber un sitio que nos permita el reposo, sin quedar atrapados en la deuda de su hospitalidad sagrada.

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En el imaginario griego existe un lugar así para unos pocos privilegiados, al que se accede más allá del límite de nuestra vida. Son los Campos Eliseos, o las Islas de los Bienaventurados,

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2 comentarios:

Mercedes dijo...

Soy una asidua de tu blog y te felicito por tus sugerentes y siempre rigurosas recreaciones de estos relatos, tal vez, la mejor herencia, en mi opinión, que nos dejaron los griegos. Para mí son como escapadas, breves, por supuesto (somos mortales), a la isla de los Bienaventurados.
He visto que tienes una participación en el próximo Congreso de Estudios Clásicos. Me encantará conocerte y saludarte personalmente

Olga dijo...

Pues será un placer verte. Así que en Valencia nos conoceremos.
Espero disfrutar más que del congreso, de la compañía de tantos profesores de clásicas que nos esforzamos por trasmitir la herencia que más valoramos a las generaciones que nos han de seguir, pese a todas las incertidumbres que rodean nuestro mundo.
Gracias por tus amables palabras.