Lo llamaron un día a la corte de un rey, y le hicieron un encargo para un templo. Procuró hacer bien su trabajo, pero entre dioses en los bloques de piedra latía otra figura oculta. Como si los fornidos músculos de Heracles o los rizos de Baco no fueran reto suficiente, al atardecer se quedaba mirando el tono sonrosado del poniente en una pieza de mármol que parecía dócil como barro. Si al mediodía en el patio interrumpía su trabajo en la lira de Apolo, la blancura del mármol le tentaba y los dedos expertos repasaban las aristas de la pieza que había desechado por una veta azulada, que al sol parecía el pliegue de una túnica.
El cincel empezó a buscar y los dioses tuvieron que esperar tardes enteras. El rey desesperaba por el retraso en el proyecto aúlico, pero el artista parecía haber empezado a enloquecer. Hablaba solo, noche y día , y protegía la pieza en la que trabajaba del cálido sol y de la incierta luna, cubriéndola con un manto, haciéndole sitio por las tardes en la casa.
Cuando un día el rey se presentó para ver al artista, disimulando la impaciencia que le producían las excusas continuas, paseó por el patio y encontró una hermosa muchacha de mármol, con la túnica azul, las mejillas sonrosadas, la boca entreabierta y los rizos caídos sobre el cuello que giraba para mirar de lado mientras las manos recogían un pliegue de la falda y protegía en su regazo una flor de granado.
La quiso para si, pero el artista no quería desprenderse de ella. Los dioses empalidecieron a su lado, y al día siguiente, el escultor volvió a cargar en su carro el taller y a buscar otra ciudad donde ejercer su oficio. Y a su lado, cubierta con un velo y coronada de flores, como una novia, la muchacha de mármol le acompañaba para siempre, como la única compañera que quería en su vida.

3 comentarios:
Preciosa historia. A veces encontramos el placer de la compañía en imágenes (mis fotos siempre viajan conmigo y decoran las paredes de mi cuarto). A veces, las imágenes son mejores compañeras que cualquier simple mortal...
No sabes hasta que punto coincido contigo. En mi caso la fotografía es mi gran cómplice, hasta el punto de alimentarla a diario en flickr, donde soy Caliope
Pero todavía no he llegado al punto de hacer de la fotografía el sustituto de mis relaciones personales más importantes.
Si pudiese hablar por aquel escultor tened por seguro que alabaría esta versión de su historia.
Demasiadas veces cargamos con el objeto de nuestro amor para siempre por muy frío y pesado que sea el marmol del que está hecho.
Ya no quedan dioses que les otorguen la vida y aún así nos negamos a perder la esperanza.
Precioso este hilo, Ariadna.
P.D: Psique, que pequeño es el Olimpo. Casi tanto como el mundo.
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