martes, diciembre 18, 2007

De piedra y fuego

No sabían a dónde habían llegado, pero el barco había encallado en alguna parte y el temporal había cesado.

Lo que vieron fue un paisaje borroso, desdibujado, donde los contornos de la tierra, del mar, de las montañas y los valles parecían ser una única cosa, desolada, yerma.

Podían ver un horizonte donde apenas se distinguía cielo y tierra, como si el orden acostumbrado hubiera caducado y hubiera que inventarlo todo de nuevo.

El viento húmedo y frío les despertó de su asombro y les obligó a ponerse en marcha, pero a dónde.

No quedaban caminos que recorrer, amigos a los que pedir ayuda, o templos en los que hacer sacrificios. Era como si se les negara el consuelo o la ayuda. Y sin embargo los dos, solos como no lo ha vuelto a estar nadie, tenían que empezar a caminar.

Se habían dado la mano, y la piel encallecida de años y fatigas parecía ya una misma piel. El tibio contacto de algo conocido les infundió ánimos, pero en silencio se preguntaban, cómo podrían hacerlo.

Echaron a andar abriéndose paso en un camino lleno de piedras embarradas, que el temporal había arrastrado para cegar barrancos, todavía desbordantes de agua. A su paso las lluvias torrenciales habían arrinconado árboles, cercados, puertas. Cuanto había dado seguridad a los hombres yacía en un caos cruel, pues los dioses se habían burlado de los intentos de los humanos por superar su penosa condición.

Quizá los dioses se apiadaran ahora de ellos dos, a los que habían salvado para despojarlos de todo cuanto habían conocido.

Buscarían el oráculo de Zeus: ya que su voluntad había sido salvarlos, debería tener para ellos un designio.

Mientras apartaban las piedras de su paso, Pirra se preguntaba cómo volvería a ser fértil la Tierra. Deucalión se alarmaba de la inmensa hostilidad del Cielo.

Camino del oráculo fueron tirando piedras a los lados, devolviendo un orden minúsculo a la naturaleza devastada. Buscaban un camino, querían encontrar una vez más los instrumentos con los que hacer fuego y preparar algún tipo de sacrificio que Zeus acogiese.

Había que capturar algún animal para el sacrificio, aunque fuera una paloma atrapada en las ramas de un árbol.

Se calentaron en torno a la hoguera sagrada, y una vez que se hubieron reconfortado, tomaron las piedras inertes que el fuego iluminaba y las fueron esparciendo alrededor del recinto sagrado que acababan de crear.

Y así brotó una nueva generación de hombres, hijos de la tierra, alumbrados por el fuego.

4 comentarios:

Magister-Διδασκαλος dijo...

Olga:
¡Qué alegría volver a leerte en este blog!
Como siempre, una narración bien sugerente. Una idea: ¿por qué no te presentas al concurso que organiza este página web?
http://www.larevelacion.com/contenido/concursos%20II.htm
(al final de esa página vienen las bases).
¡Ah! Y renuncio a comisión por la idea... Porque ganar, ganarías.
Saludos y Feliz Navidad.
Luis.

Olga dijo...

Gracias Luis. El mejor premio es tener lectores, especialmente lectores inteligentes como tú. Pero gracias otra vez por el aviso.
Creo que me costará elegir uno, porque a todos los relatos que he ido reuniendo en este hilo los quiero por igual aunque no todos tengan el mismo mérito.
Y como dice Safo lo más hermoso es siempre lo que uno ama.
Así que tendré que pensar que elegir.
¿Cuál escogerías tú?.

Bss
Olga-Ariadna.

Álvaro P. Vilariño dijo...

Olga, no nos dejes a medias, una vez que ya entramos en la historia...!
¿te inspiraste en las lluvias que están cayendo estos días por Canarias...?

Olga dijo...

Claro Álvaro. ¿Te imaginas ser el único superviviente de una riada? El fango, los destrozos, la dificultad incluso de hacer fuego... Yo creo que a Deucalión y Pirra les debió preocupar mucho cómo salir adelante, los dos solos, ya viejillos.
Gracias por tu comentario, no sabes cómo animan.