jueves, junio 21, 2007

Mensaje de Morfeo


"Encontré la llave en mi bolsillo y una vez más abrí la puerta del piso donde tanto nos habíamos amado.
Todo guardaba el orden esperado por mi memoria. Los muebles, en la misma distribución que tanto trabajo nos había dado la última vez; su portatil sobre la mesa junto a la ventana, de la que colgaban lánguidos los visillos gastados de siempre.
Dejé las llaves en la repisa de la entrada, donde todavía estaban algunas postales navideñas.
Me entró sed y quise prepararme un café y echar un cigarrillo.
Y allí estaba ella. De pie junto a la despensa. La miré aturdido. La luz del patio entraba sonrosada iluminando la estrecha cocina. Ella llevaba su blusa anaranjada y los vaqueros que tanto me gustaban.
Me miró como extrañada por mi desconcierto.
-Pero tú, ¿tú no habías muerto? Fue lo que atiné a balbucir, como pidiendo perdón por mi incredulidad. Y ella, con la gracia con la que hablaría con un niño confundido, sonrió como siempre.
- Estoy bien. No me he ido. No tienes que preocuparte por nada.
Me prestó en ese instante toda su atención y luego, como si fuera lo más normal del mundo, siguió con lo que estaba haciendo. La cafetera quedó lista y se puso a trajinar por los armarios preparándolo todo, como si nunca se hubiera ido, como si nunca nos hubiéramos separado.

Me sentí tan aliviado. De repente yo era ligero. Todo estaba en su sitio. ¿Cómo pude dudar de que todo estaba en orden? ¿Por qué no había vuelto antes, por qué me había mudado?
Se sentó conmigo en la mesa del rincón de la cocina. Tomamos juntos el café. Reímos abrazados, como siempre.

Luego, esta mañana me he levantado como transfigurado. Por primera vez desde hace meses elegí los pantalones y la camisa que a ella le gustaban y he venido a trabajar sin que me pesara. Es todo tan extraño. Me parece que estar ahora contándote aquí todo esto es menos real que lo que vi, lo que viví anoche en sueños."

Se quedó callado y nos unía un mismo nudo en la garganta. Creo que no esperaba que le dijera nada. Guardé silencio como cuando se está ante un prodigio, y sólo al cabo de un rato, cuando se nos acababa el cigarrillo y el aire húmedo de la calle nos invitaba a volver al trabajo, recordé lo que había leído hace muchísimo tiempo.
Era un mensaje sin duda. Un mensaje verdadero, para que tuviera testimonio de un vínculo de amor perdurable más allá del Olvido.

domingo, junio 10, 2007

Himno a NAVTICA


Voy a empezar celebrando a la Musa reciente,

que recorre el espacio cargado de redes, y asiste

a los que perdidos naufragan por ella.

Cierto es que se dice que son nueve las Musas,

pero, con permiso de Safo, a la undécima musa

desde hoy no olvidaré en mis cantos.

Sus dominios surcamos devotos blogeros y gente variada adicta a los bites,

Al nacer, la nueva hija de Mnemosine corría el riesgo

de llamarse E-musa o, peor, Musabloger, Musatechno...

Pero Dike y Palas asistieron al parto

y Nautica se llama aquella que, invocada en nuestro faenar

cotidiano, nos salva. Oh, hija de Zeus, predilecta de Hermes.

Hay quien te llama Naútica, oh diosa, pero otros

Nautica, y tú ninguna invocación rechazas,

porque nos perdonas las tildes, mas no el Unicode.

A ti, pues con la ayuda del foro que habita en Chirón

salvaste mi Hilo de las incompatibilidades de Gates

y me iluminaste para cambiar de plantilla a golpe de click,

celebremos entonando cantares que sean gratos a ti y tus hermanas.

Sénos propicia, oh Nautica, y acoge con benevolencia mi canto.



Gracias a Ana y a Beatriz por avisarme de un error en la carga de la página desde el insidioso Internet Explorer.
(Y que me perdone Calímaco, a cuyos Himnos dediqué unos pocos años.)