lunes, marzo 03, 2008

El maestro y la herida.

Llegaste a mi guarida desesperado, pero no vi en tus ojos dolor. Tu hijo herido en tus brazos y de tu boca salían parejas las palabras de ira y la de despecho.
Tenía que salvarlo. Su madre era una bruja. Y después de haber quemado al niño, de haberlo casi ahogado, encima se marchaba enfadada y juraba no volver nunca más.
Maldecías el día de tu boda, pero lo que yo veía en medio de todo ese estrépito era un alma mortal y atormentada que no podía entender lo que sucedía.

Tu hijo sobreviviría, por supuesto. Estaba hecho de una naturaleza que sólo compartía con la tuya la tozudez de tu cólera. Me miraba fijamente sin dejarse asustar por tus maldiciones, sin mostrar ni rastro de temor, como si la herida de la pierna le fuera ajena, como si las maniobras de su madre con las que había puesto a prueba su precaria vida no fueran más que juegos infantiles amorosos, maternales.

Pero yo no podía consentir que la simiente de tu odio anidara en el niño, que al fin estaba llamado a ser más que su padre. Así que callé. Dejé que te fueras, asegurándote que con nosotros el chico estaría a salvo, que aprendería cuanto le fuera necesario.

No volví a saber más de ti en mucho tiempo. Su madre sólo te había abandonado a ti, hombre obstinado y miserable, y siempre estuvo pendiente de cuanto pasaba con el muchacho. Su indiferencia era lo que realmente te atormentaba, porque entonces te dabas por fin cuenta de que había sido en vano intentar seducirla a base de engaños, comprometerla con una boda que los dioses bendecían por conveniencia propia. Pero tú no estabas ni a la altura de sus sandalias, te cegaba, como siempre, la vanidad, la tozudez, ese impulso insensato que tanto te alejaba de los demás hombres como resultaba repulsivo para los dioses. No, ninguno de los dioses fue tu amigo y en cuanto a mí, la alianza con los humanos siempre me ha salido cara.

La llegada de Aquiles fue una bendición para mi madre. Bastante había sufrido ya con criarme, a mí, que no podía ir a la aldea de los hombres sin causar estupor, una suerte de temor reverencial, no por más divino menos pernicioso. Un ser involuntariamente único, ya que no soportaba el modo de vida de los que tenían mi misma estampa y ni siquiera en los tumultuosos años de la adolescencia fui capaz de compartir sus correrías insaciables, bañadas a menudo de una violencia incompresible, como si los gritos quebrados de las cristalinas voces de sus víctimas fuera lo único que pudiera excitarles para dotar de sentido el hecho asombros de estar vivo.

Para mí las visitas de su madre eran un consuelo, el único momento lleno de sentido durante una serie incomprensible de días, y a la vez un indecible tormento, ya que parecía que solo ella, evanescente como mi madre en su juventud, sabia y solitaria, abriera los enigmas y me permitiera por breves momentos atisbar mundos que me parecían vedados. Porque era como yo. Inmortal como yo, Temida por los otros dioses que deberían reverenciarnos. Porque como yo quería saber, buscaba siempre más, y su ambición era hermana de la mía.

Pero mientras que a ella todo el mar, todas las aguas le pertenecían, yo contemplaba la naturaleza ingobernable desde mi cueva, adentrándome en el bosque al amparo de las horas primeras del día, cuando ni los mortales salían de caza, y los demás centauros aún dejaban que el sueño gobernara sus miembros agotados de los excesos de la noche anterior. Así que ella, libre, no tenía iguales y no parecía añorarlos. Sólo le atormentaba el futuro de su hijo, que ella quería inmortal, tal vez para vengarse de los Olímpicos, que la temían.

Y en cambio yo, solitario, añoraba todas las fuentes del mundo, todos los ríos y el caudal infinito del Océano que nos ciñe, sin que hubiera agua para mi sed, ni límites para mi necesidad de entender.

Aquiles fue un consuelo para mí. Enseñar es posiblemente lo único digno que podemos hacer en el mundo y aunque su mente estuviera ávida de un conocimiento que yo no podía prestarle, sé que en muchas ocasiones, cuando tuvo que enfrentarse a decisiones difíciles y llevarlas a cabo con aplomo, recordaba sin duda algo de lo aprendió viviendo en la gruta de Quirón. Más allá de la precisa geometría de las estrellas, de la obsesión aritmética de la medida con la que yo quería deslumbrar su joven mente, más útil que los brebajes medicinales que le enseñé o que mezclamos juntos, más consolador que la armonía musical y los ejercicios en la palestra, sé que los años que pasó bajo el cuidado de Filira, bajo mi mirada atenta – a veces cómplice, a veces severa-, forjaron un hombre cuya memoria celebrarán las edades venideras.

Por eso cuando creció y se enfrentó a su propia vida, la separación no me dolió demasiado, no tanto como cuando al llegar herido a mi casa tuve que abrir su carne tierna de niño para arreglar el hueso que se había quemado en el conjuro interrumpido por su padre. Ese talón que le hacía a la vez humano y único.

Y desde su partida ya daba igual que fuera Jasón o el mismo Asclepio quien habiendo pasado sus años de aprendizaje junto a mí saliera por última vez de mi cueva. De alguna manera yo iba con ellos a recorrer el mundo que no me había atrevido a hollar.

Tal vez por eso sólo alcancé a desear la muerte cuando la desgraciada flecha del malhadado Heracles se me clavó en una de mis múltiples patas, causando un dolor insaciable que me robaba el descanso y que me hacía gritar de furia, a mí que siempre me había mordido los labios antes que decir un improperio. No era el dolor, era la desesperanza la que me había vencido y me hacía aullar, porque había tardado demasiado tiempo en admitir que desde que Aquiles salió de mi casa, ya no volvería a ver a Tetis.

18 comentarios:

Sebastià Giralt dijo...

"Enseñar es posiblemente lo único digno que podemos hacer en el mundo", Chiron dixit.

¡Qué mosaico más majo de Ari! ;)

Olga dijo...

Qué pena que los políticos no piensen lo mismo. Educar es lo que nos hace verdaderamente humanos, ya que no podemos vivir sin aprender.
Pero algunos se dedican simplemente a descalificar a los docentes.
Así nos va.

Sí, un mosaico estupendo

Ricardo dijo...

Más que encantando estoy con tu regreso a la pluma. ¿Cuántos días he mirado a ver si había algo nuevo que leer en "Hilo de Ariadna"? No sé. Por fin, una magnífica fábula, un excelente relato que nos habla de la educación, del cariño y del amor. Dejo una reflexión: cuando se produce una herida de amor (aunque no tenga mucho que ver con el relato), ¿quién es el dueño de la misma?, ¿el que la produce o el que la sufre?. Un abrazo.

Olga dijo...

Qué bonito, Ricardo, muchas gracias.

Soy más bien de la opinión de que determinadas heridas como las del amor tienen una misteriosa vida propia, independiente de la voluntad de quien las lleva. Y sí que tiene que ver con el relato, creo.

No te imaginas lo que tardo en parir una relato. Como las moscas el personaje me da vueltas en la cabeza, zumbando tan tranquilo y un buen día consigo atrapar lo que quiero y entonces me pongo a escribir. Pero necesito trabajar mucho para encontrar el enfoque que me guste.

En este caso, a Quirón ya le tocaba salir, como le prometí a Ana el día memorable en que nuestro Chiron se dotó de estatutos.

Lilitu dijo...

¿Para cuando un relato de Circe, puesto que tienes a Medea?? no me he fijado si hayu algo sobre Hécate. Tu blog es muy interesante la pena es que no se acceda a ella nada más que despues de navegar mucho por internet, pero ánimo cuanta más gente la visite mayor rapidez para acceder a ella. Enhorabuena!

Olga dijo...

Gracias por tu comentario. A Circe la he sacado como personaje secundario, jejeje. Y sí que le he dado vueltas, a ver si cuaja algo. Me gustan las chicas oscuras ;)
Tengo que mirar en google, porque antes estaba bien posicionada, pero como he dejado de escribir durante un tiempo... Gracias por el aviso. Y sobre todo me alegro de que te guste, pese al esfuerzo por localizarlo. Por cierto te puedes "sindicar" o apuntar para recibir las actualizaciones.

Magister-Διδασκαλος dijo...

Olga:
Precioso el relato. Creo que podríamos adoptarlo en Chiron...
Y gracias por volver a deleitarnos con tus narraciones.
Luis.

jturu dijo...

Ya ves que vengo a verte y me encuentro este relato fabuloso, esta inmersión en los clásicos tan poco usual estos días.
Quisiera pensar que enseñar es prolongarse (esa fue mi sensación, cuando, allá por los años setenta, trabaje en ello por primera y única ocasión en mi vida. Tres años. Comprobé, ciertamente, que quien mas aprende es el maestro; pero no me bastaba. El mundo acaba siendo una trituradora que desmenuza nuestro trabajo, la carne y la mente de nuestros alumnos, y sólo deja un residuo productivo. ¿Qué hacer entonces? Intentar cambiar el mundo; pero tras comprobar la traición terrible que resulto de aquello que llamaron "transición", quedaba la escapada con unos pocos utópicos que uno tenía a mano: la comuna. Mejor no hablo hoy de aquella experiencia (magnífica y no sostenible). Podía haberme refugiado en la historia, en los clásicos; pero lo mío era la poesía y la filosofía como excusa para poetizar...y así, un laberinto en el que vivo desde entonces, agazapado tras un personaje mundano.
Un beso.
zenon
http://www.librodearena/blog/zenon

jturu dijo...

rectifico blog:
www.librodearena/blog/zenon

esto de tener que darse de alta para comentar un texto en google, no me gusta nada de nada.Además es farragoso e induce a malentendidos.¡Qué le vamos ha hacer!
Hago una excepción, debido a tu amable comentario y al interés que tienen tus textos.
zenon

Psique dijo...

Precioso relato. La verdad es que duele más el no atreverse a salir o perder de ver a la gente querida, que las propias heridas.
Feliz vuelta! Besines

Olga dijo...

No sé porqué no me han llegado las notificaciones de los últimos comentarios.
Gracias Luis, tú tienes "la culpa" de muchas cosas.
Zenon, te agradezco el esfuerzo y el doble comentario. te visito, aunqu eno tengo demasidao tiempo prar ir ñor la blogosfera... :-(
Ay psique.lo que duelen las ausencias, la indiferencia, los olvidos, la ingratitud.

Diego dijo...

Muy bueno el blog, me gustó mucho.

Martí Duran dijo...

Le comunico que acaba de salir un manual de Latín para la nueva asignatura de 4º de ESO. Puede encontrar más información en:

http://latindecuarto.blogspot.com/

Muchas gracias por su atención.

Ernesto Schutz dijo...

Just awesome. Bravo!!

mentecato dijo...

Buenísimo texto.

Daniel Naranjo dijo...

Olga

Hace mucho no estaba por estas latitudes. Queria darte las gracias por usar la imagen con el texto. Un bonito detalle de tu parte...

Un saludo
daniel naranjo

Olga dijo...

Está claro que he tenido un problema con los feeds de los comentarios. Tendré que mirarlo...
Gracias a todos, a los lectores que ya conocía y a los que comentan por primera vez.

Edel Zavala Regalado dijo...

Huamanidad: estaran de parte del que bramea en la fría y onda cueva o del que cabalga lejos del mortal.

La necesidad de bicefalo para con el que tiene carbon y en abierta herida en la parte del talon, es de pretección pero con la "recurrente" de que hay una comparación estrategica y militar para con los que epopeyan.

Descubrir el horizonte de la naturaleza por parte del bicefalo ante la estupor de los mortales.

Y, TENER la parte está genetica o genealogica de la moral de los mortales, dicen, que "en la cura esta el veneno".

Hay proteccionismo pero comparativo. Ok.