viernes, agosto 22, 2008

Persephone

-"Siempre estarás en mi pensamiento". Recuerdo que cuando te oí decir eso me estremecí. Supe entonces por primera vez que estaba muerta. A los muertos los llevamos en el pensamiento, mientras nuestros corazones hacen sitio a los vivos.

Esta certeza fue un dolor físico, hiriente, amargo que se quedó conmigo mientras se seguía todo el ritual, tal como ha de cumplirse. Pagué al barquero con la moneda que habías puesto en mi boca, cuando yo habría creído revivir con un beso que buscara nuevamente mi lengua contra la tuya.

Y así me quedé en este mundo al que nadie quiere venir. Y para soportar el dolor que se agolpaba en mi boca, bebí el agua del olvido que en un instante secó mi corazón.

Podría haber vivido un olvido interminable, pero un día supe que habías llegado tú. No habías muerto ni habías pasado por todo aquello que está establecido. Estabas en carne y hueso ante Perséfone, hechizándola, como solías, hasta el llanto. Miré tu rostro y lo reconocí vagamente. Cogiste mi mano y me hiciste ir por un camino estrecho.

Al salir a la luz del sol mis ojos se cegaron y me cubrí la cara. Al notar que me soltaba te volviste a mirarme y en ese instante yo me desvanecí.

Volví al trono de Persefone y le pregunté quién eras y qué querías.
-"Es Orfeo y ha venido hasta el Hades por ti. ¿No lo recuerdas?"

Recuerdo una música y alguna de sus palabras, y ahora recuerdo su mano en la mía.
Podría volver a beber el agua del Leteo, pero entonces olvidaría del todo ese "tú" que me acompaña siempre.